02 Las joyas perdidas de Nabooti

Título original: The Lost Jewels of Nabooti (#10).
Autor: R. A. Montgomery.
Ilustrador: Paul Granger.
Fecha de publicación: 1983 (Original 1981).
Número de páginas: 121.
Número de fines: 38 (incorrectamente listado como 36) (Buenos: 11 - Regulares: 18 - Malos: 9).

Sinopsis: Eres un joven que, a petición de sus primos, emprende la búsqueda de unas joyas muy codiciadas (y tal vez mágicas) que les fueron robadas.

Comentario personal: A pesar de ser el primer libro de Montgomery en ETPA, en la colección estadounidense fueron publicados primero Viaje submarino y Más allá del espacio. Digo esto porque, pese a no serlo, cualquiera diría que Las joyas perdidas de Nabooti fue el primer librojuego que escribió a juzgar por el resultado final.

Es difícil no ser duro con este libro, pero mencionaré en primer lugar cosas positivas, que las tiene. Aunque no se detalla cuál es la profesión ni la edad exacta del protagonista, parece ser que algo más que el puro azar le introduce en la historia. Considerando que tiene cierta clase de amigos de los que se habla en el libro y la urgencia con que sus primos le piden ayuda, podemos convenir que el protagonista es una especie de detective privado, o al menos alguien que sabe moverse con soltura por distintos países y con gente de todo tipo mientras sigue una pista sobre algo secreto y peligroso (en realidad, algo digno de un experimentado agente de la CIA). Bien es verdad que en varios finales (quizá demasiados) el protagonista desiste de la misión al reconocer que le viene grande. Por tanto es un punto que no queda muy claro.

En cualquier caso, la premisa inicial no está mal, invita a pensar en un libro con cierta dosis de aventura y misterio, como en parte resulta ser. El problema es que el desarrollo raya lo infame. Las ramificaciones son de lo más variopintas para tratarse de un argumento que parecía bastante centrado. Se diría que Montgomery emprendió un viaje por Europa y decidió meter con calzador todos los sitios que había conocido. En principio, la investigación debería llevar al protagonista por París y Tánger, pero España, Costa de Marfil, Grecia y hasta China son países susceptibles de ser visitados. Y la mayoría de ellos sin motivo aparente.

Lo anterior no tiene la menor importancia comparado con el verdadero lastre de este libro: las elecciones son completamente aleatorias. Eso significa no solo que no haya ninguna diferencia entre escoger izquierda o derecha, pese a lo que nuestra intuición o el sentido común nos dictase, sino que en muchas ocasiones ni siquiera acabas haciendo aquello que previamente habías escogido. No me viene a la memoria ningún libro en el que suceda algo parecido, algo inadmisible y que, considero, quita toda la gracia a un librojuego. Lo explicaré con un ejemplo. Al principio del libro, antes de coger un avión, tienes la opción de avisar primero a la policía para pedir ayuda sobre el asunto de las joyas, o no hacerlo. Tu elección es esa, pero si decides hacerlo, el policía con el que hablas te ignora y, en la misma página (y sin mediar elección por parte del lector) decides avisar a un amigo con el que puedes quedar en Marruecos o en París y a quien, elijas lo que elijas, no llegarás a ver en ningún caso. ¿Qué sentido tiene esto? ¿Por qué elegir entre avisar o no a la policía puede derivar en quedar con un amigo que finalmente tampoco tiene ningún peso en la historia? En la práctica, sería igual que todas las elecciones consistieran simplemente en escoger una puerta o unas escaleras, porque de todas formas la historia seguirá su camino. Es decir, Montgomery traza unas líneas en las que no somos más que invitados de excepción, cuando la premisa de un librojuego es, como dice el eslogan de la colección, que tú eres el protagonista.

El libro está plagado de momentos similares. Uno especialmente cómico consiste en que, pese a elegir abandonar la búsqueda, tu primo te dice que solo tú puedes ayudarlos, y acabas haciéndolo de todas formas. Es decir, que la elección anterior de ayudar o abandonar era ficticia, pues acabas ayudándolos elijas lo que elijas. Por si fuera poco, decides llamar a otro amigo (diferente al mencionado arriba) al que no consigues localizar y acabas cogiendo el avión, como planteaba una elección anterior. De nuevo, Montgomery te lleva por un camino no solo no deseado, sino contra el cual has elegido sin servir absolutamente de nada.

Como he dicho antes, no recuerdo ningún otro libro en el que suceda esto, pero de haberlo es obvio que lo denunciaré. En este sentido, Las joyas perdidas de Nabooti es un libro amateur, como si Montgomery lo hubiera escrito en su adolescencia sin cumplir unas ciertas reglas básicas de respeto al lector y coherencia narrativa. Esto, unido a que en algunos casos el libro se va por las ramas (nunca mejor dicho) distanciándose del argumento principal sin que al autor parezca importarle o avergonzarle lo más mínimo, da como resultado un libro que, si volviera a reescribir ahora, sería una pieza decente en la colección, pero que tal y como quedó sorprende que pasara el corte de la editorial.

Puntuación: 3.

4 comentarios:

  1. Una historia exótica pero con un desarrollo muy pobre . . .

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  2. Montgomery vuelve a darnos una lección de pereza y de auto-indulgencia . . .

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  3. Mi nota es un 3 ! ! Malo ! muy malo . . .

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  4. Es incoherente de principio a fin, pero no sólo te mantiene entretenido, sino que te transmite muy bien la tensión en en momentos, por ejemplo en las partes en las que escalas la montaña o cuando escapas de tus captores, creo que siempre se saca algún provecho de los ETP.

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